El asesinato de Garza Sada, algo que quiero relatarles

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Por Juan Fernando Perdomo Bueno

Cuando me enteré que acababa de morir Don Eugenio Garza Sada ( 17 de septiembre de 1973 ).

Mencionando algunas de sus empresas : VISA, CERVECERIA CUAUHTEMOC MOCTEZUMA, FAMSA,…ITESM.

Laurita Molina de García Roel, esposa del Ing. Fernando García-Roel, Rector de ITESM, dice:

-“ El tristemente célebre asesinato de Don Eugenio Garza Sada, el 17 de septiembre de 1973, fue sin duda alguna un trauma colectivo para la familia Tecnológico.

Desde sus más modestos veladores hasta sus más altos directivos lloramos, con dolor y rabia, la pérdida de esta recia y legendaria figura. Porque, de hecho, era para los más una leyenda que se había agigantado con los años.

Pero para Fernando García Roel, mi esposo, era el hombre de carne y hueso con quien había trabajado estrechamente durante 14 años, en la empresa más cara para los dos: el Tecnológico de Monterrey. No se podía definir quién era el más fiero en cuanto a los asuntos del Tecnológico; formaban, me atrevo a decir, una singular doble imagen, y ahora una parte de esa doble columna se había desmoronado.

-“Fernando estaba en Cd. Obregón, Sonora, ese 17 de septiembre, para inaugurar los cursos de la recién formada Unidad que posteriormente se convertiría en la segunda y muy prestigiada Escuela de Agricultura del Tecnológico.

Irrumpió el Dr. Jean Mathieu, flamante Director de la Unidad Cd. Obregón, a nuestro cuarto del hotel (nosotros a medio vestir) para balbucear la noticia de que hacía una hora habían asesinado a Don Eugenio Garza Sada. Ante el arrebato de ¿cómo? y ¿quién? Y ¿cuándo? salieron Jean y Fernando apresuradamente del cuarto mientras yo me desplomaba en el sillón donde seguía oyendo las últimas palabras de Fernando: “De seguro lo pescaron camino al trabajo; era un relojito.”

-“Lívido volvió Fernando, desencajado. Pero decidido a que se llevara a cabo la ceremonia de inauguración de cursos, en el Auditorio de la Unión Agrícola, “tal como lo hubiera decidido Don Eugenio,” decía Fernando. Y de esa manera, conmocionados, llegamos al auditorio y se efectuó una austera y muy breve ceremonia, llena de dolor.

Mientras tanto, el Presidente del Consejo de la recién organizada Unidad, Don Javier Bours Almada, hacía los arreglos para que de inmediato pudiéramos regresar Fernando y yo a Monterrey en su avión particular.

-“Es curioso que ni Fernando ni yo tuvimos que recurrir a palabras en ese triste vuelo. Al unísono recordábamos y llorábamos. Al llegar a la altura de Torreón el piloto nos anunció que una tormenta nos imposibilitaba la llegada a Monterrey. ¿Quién no recuerda que hasta el cielo lloró ese día?

Aterrizamos en Torreón, y de inmediato rentamos un coche y seguimos el entonces difícil camino. Por la misma lluvia incesante, nuestro avance fue demasiado lento; no encontrábamos más consuelo que buscar y escuchar las noticias en la radio, que a medida que nos acercábamos a Monterrey, se volvían una verdadera letanía.

Una vez en Monterrey nos incorporamos al duelo popular. Pero ya habíamos tenido nuestro duelo íntimo, aquella comunión silenciosa en pleno vuelo: Fernando y yo… y la querida imagen de Don Eugenio.

-“Aunque muy poca gente lo sabía, en los últimos años de su vida Don Eugenio se había ido desligando del manejo directo del Tecnológico. Lo inevitable había sucedido; poco a poco había ido cediendo su liderazgo, y de hecho, para cuando murió, el Tecnológico marchaba con poca intervención suya.

Aunque esto suene a blasfemia, no es mayor delito que el reconocer que el hijo se desliga del padre irremisiblemente. De hecho, después de la muerte de Don Eugenio, el Tec registró su mayor expansión.

Casi sale sobrando repetir que esto no hubiera sido posible sin la concepción original del fundador, sin su fuerte respaldo económico inicial y sin su continuado patrocinio y vigilancia durante los primeros 30 años de fundado el Instituto Tecnológico.

-“Por fortuna, el tutoriado de Don Eugenio se encontraba en firme control de la institución que éste había creado. Siempre me causaba risa halagadora cuando decía la hermana de Don Eugenio, Doña Rosario, la ahora leyenda viviente de amor y ternura, “qué listo mi hermano, ¿verdad Laurita? haber nombrado al Ingeniero como Rector.”

Así que, aunque algunos Consejeros revolotearon con la designación del nuevo Presidente de Consejo (¿cuántos no buscarían para sí la distinción?), no trascendió el problema y pudo hacerse la transición, sin mayores conflictos, con Eugenio Garza Lagüera (hijo mayor de Don Eugenio) al frente. Años antes, el mismo Don Eugenio había señalado a su hijo como sucesor, al nombrarlo Consejero del Tecnológico.

-“En 1974, pues, iniciaba Fernando una era de independencia y plenitud absoluta. Generaba ideas, tomaba decisiones (asumiendo toda la responsabilidad que éstas requerían) y actuaba con energía. Ahora empezaba a hablar de un sistema Nacional: ya contaba el Tecnológico con la escuela hermana del CETYS; con la Unidad en Guaymas, con la Unidad naciente en Ciudad Obregón, y con la Escuela de Graduados en Administración de la Ciudad de México. Estaba en gestación, además, la Unidad de Querétaro.

-“En vida, como mancuerna. En la muerte, siempre recordados.En el libro Eugenio Garza Sada se describe así el acontecimiento:

“La luz roja del semáforo en la esquina de la calle Quintanar lo distrajo de sus pensamientos, pero la alerta surgió de pronto cuando una camioneta Falcon los interceptó impidiendo el avance de su auto. Dos hombres jóvenes, armados, bajaron rápidamente para someter al conductor y a su ayudante, mientras uno más sacó con violencia al industrial del asiento trasero. La resistencia que opuso el anciano hombre en su intento por defenderse con la vieja pistola que portaba, desató la balacera en la que el empresario fue abatido.”A sus funerales asistieron 50,000 personas

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